Sábado, 15 de agosto de 2020
 
CADA DÍA EN AVAR
 
3 de diciembre
 

En el amanecer...

En  el despertar podemos percibir el susurro de una voz que nos dice: el Espíritu de mi Padre te ayudará más de lo que tú ahora sospechas; ponte en marcha y no te importe hasta donde llegas sino en qué dirección caminas. Y nunca mejor que hoy podemos descubrir así el carácter comunitario del carisma: “El Espíritu Santo, que penetra hasta las profundidades de Dios, introduce por el amor fraterno  a la comunidad en el conocimiento y en la verdad de Cristo, que se desarrollan hasta la contemplación del Padre” (Const 14). Dios se nos hace de algún modo accesible en la realidad, en los hombres, en los hermanos sobre todo, los cuales están hechos en esa imagen de Dios. Recuperar a Dios en comunidad es hacerlo cercano, en la mejor posibilidad del hermano y de cada uno. Vertebrar la comunidad desde Dios y situarnos: “los hermanos viven entre sí unánimes y concordes en el mismo Espíritu por el que son una sola alma y un solo corazón dirigidos a Dios” (ib. 15).

En el mediodía...

Sorprende la comunidad cuando está basada en Dios  y, por otro lado, cuando es un “montaje” fabricado por nosotros. En ambos casos hay una imagen limpia o trucada, algo que hora tras hora el agustino recoleto debe sopesar: “nada trajeron al monasterio. Solo la caridad. Esa caridad que vale más ella sola que todas las riquezas” (Epístola 211, 2). La comunidad nace de la comunión de vida y nunca puede ser una proyección de nuestras veleidades. La presencia y la entrega son la base de la comunión fraterna.

En el anochecer...

Cada uno, desde su identidad personal, puede en esta noche dirigir una mirada de aprecio a la comunidad “cuando la tarde pide ya descanso y Dios está más cerca de nosotros, es hora de encontrarnos en sus manos, llenos de gozo” (Himno de Vísperas). De ahí, un paso en la reflexión: “en vano trabajamos la jornada, hemos corrido en vano hora tras hora si la esperanza no enciende sus rayos en nuestra sombra” (ib.) y agradezcamos: “hemos topado a Dios  en el bullicio, Dios se cansó conmigo en el trabajo; es hora de buscar a Dios adentro, enamorado” (ib.).